El Concilio Vaticano II, en la CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA IGLESIA, Lumen Gentium, en el número 29 nos dice: "En el grado inferior de la Jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio». Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad.