Homilía Domingo XXV del Tiempo Ordinario

Monseñor Ovido Giraldo Velásquez, comparte con toda la feligresía el mensaje de la Palabra de Dios, del Domingo XXV, del Tiempo Ordinario.

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Solemnidad

Septiembre 20 de 2020

Isaías 55,6-9; Salmo 144; Filipenses 1,20-27; Mateo 20,1-16

Los planes de Dios no son nuestros planes. Como el cielo es más alto que la tierra, los caminos de Dios son más altos que los nuestros, sus planes, que nuestros planes. Gran verdad de la primera lectura, que inspira e ilumina el contenido de la palabra bíblica proclamada este domingo. Por eso, en la segunda lectura, el apóstol San Pablo termina diciendo a los filipenses: lo importante es que ustedes lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.

En el pasaje del evangelio según San Mateo y por medio de una parábola, Jesús da una contundente lección sobre la novedad del pensamiento de Dios, tanto que la manera de proceder de Dios rompe la lógica de los pensamientos y criterios de juicio humanamente corrientes y bien defendidos. Dios es ese propietario que da igual paga a los jornaleros del día entero y a los que llegaron al terminar el día. La paga de Dios es igual para todos porque la paga divina es en la lógica del amor, aún más, aunque haya dineros y bienes de por medio, la paga de Dios es su amor, y por eso actúa con bondad, con generosidad e incluso con misericordia.

Vayan también ustedes a mi viña, y les pagaré lo debido, es la repetitiva frase de aquel propietario (Dios) hacia todos los que va encontrando en la plaza y en las calles del pueblo a lo largo de la jornada. Y ¿qué es lo debido? Precisamente, lo debido en la paga divina es su amor vertido en bondad, generosidad y misericordia.

Qué alegría poder ser trabajador de la viña de tan magnífico propietario, donde a todos los obreros se les dan iguales garantías y a todos la misma paga de la inmensidad y exquisitez del amor divino. Un salario que supera toda medida y que no tiene compensación con ningún esfuerzo porque tener el amor de Dios lo es todo. Conocer a Jesucristo es todo, el resto es nada”, repite el padre Antonio Chevrier en su libro “El verdadero discípulo”.

“Sólo en la voluntad de Dios encontramos nuestra paz, caminamos sobre roca y no sobre arena. Sólo en esta voluntad encontramos la plenitud y la felicidad. Esta voluntad que es su amor no siempre corresponde con nuestros gustos, caprichos, pensamientos, y muchas veces usamos mal el don de nuestra libertad, no para escuchar y obrar según las inspiraciones de Dios, sino según nuestros planes, gustos y antojos” (Sor Clara de María Pobre. Libre. Pereira, 2019).

Y ¿qué es lo que hay que hacer en la viña de aquel maravilloso propietario? Tantas cosas, pero todas ellas convenientes a su querer y pensar porque es celoso de su viña, porque su viña es el escenario donde él se goza llevando a cabo sus designios, sus proyectos y sus planes previstos desde la eternidad y, por lo tanto, bien pensados y medidos con dimensión de eternidad. ¿Cuáles cosas serán, entonces? Pues las mismas que corresponden a lo eterno, a aquello que nunca pasa, a lo que da vida para siempre. En este orden de ideas, podríamos concluir que se trata de ir cultivar la fidelidad, la permanencia del estar ahí, de la verdad del ser, de la bondad, la justicia, la reconciliación, la paz y la misericordia, pues todo esto es lo que garantiza la vida y la permanencia de la vida en medio de tantos ires y venires y en el pasar de los tiempos. Todo ello corresponde a los contenidos del amor ya que el amor por naturaleza es eterno, porque el amor tiene la virtud de la renovación constante, del constante retorno al objeto amado, del encuentro siempre nuevo y novedoso, de la voluntad siempre atenta al bien de la persona amada.

Trabajador de la viña Dios es aquel que ha decidido confiar en él, en ponerse a sus órdenes, en gastar las energías y todos los momentos de la jornada en trabajar para los intereses y pretensiones de tan buen señor.

San Pablo en el pasaje de su carta leído este día concluye diciendo que lo importante es que llevemos una vida digna del Evangelio de Cristo. Podemos quedarnos con esta clave de interpretación de las tareas correspondientes a los viñadores de Dios: cultivar los valores del Evangelio, pensar y actuar según los criterios del Evangelio.

Frase para recordar: Los planes de Dios no son nuestros planes.

POEMA
Oración de abandono

 

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Padre, me pongo en tus manos,

haz de mí lo que quieras,

sea lo que sea te doy las gracias,

estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,

con tal que tu voluntad se cumpla en mí

y en todas tus creaturas.

 

Te confío mi alma, te la doy,

con todo el amor de que soy capaz

porque te amo y necesito darme,

ponerme en tus manos sin medida,

con una infinita confianza

porque tú, Señor, eres mi Padre

                                                        (Beato Carlos de Foucauld)

 

+ Ovidio Giraldo Velásquez (Obispo de Barrancabermeja)